El cuerpo del olvido

…la palabra fecunda el útero virginal de la imaginación…

¿Dónde está Lêdo Ivo?

“En un párpado segado una gota de ámbar se asienta. Hay un dragón temeroso al final de esta línea”. Michoacán es como el vacío, como el plomo, la sangre que escurre de una herida, el odio, la zozobra de un desempleado, la tristeza de una puta o el rugir de un R-15; Michoacán es vacío y polvo, polvo y nada, mas polvo enamorado.  

La noticia se presenta como una lluvia repentina: Lêdo Ivo asistirá al Encuentro Mundial de Poetas, en Pátzcuaro. Harán el evento en honor al maestro José Emilio Pacheco. Todo está listo. Pátzcuaro parece despertar de un letargo accidentado. Por momentos, podría afirmar que Maceió cobrará vida en este municipio michoacano, al menos durante la estancia de o poeta de Finisterra.

1)     La Poética.- Voy entre la multitud y mi nombre es Nadie/En una ciudad que apesta a pescado podrido/a gasolina y demagogia/oprimido por la tarde voy rozando las escamas/de paredes que hurtan mi dolor. /Bajo este cielo vinagre, absorbido por turbinas/un vómito de cifras me entorpece. /Llevo en la marea mi amor de hombre/y nadie sabe que amo, salvo los perros. 

Despierto con pesadez, un sabor amargo permanece en mi boca. Son las ocho de la mañana. Aún es temprano, pienso. Me levanto sin prisa, con emoción, ánimo, sorpresa. Me sacudo el polvo y me cambio de ropa sin contratiempos. Salgo de mi casa, tomo un taxi. Llego a la central en cinco minutos. En diez, voy camino a Pátzcuaro. Llegaré cuando termine de leer una parte de la Antología General de la Literatura Brasileña, una compilación de Bella Jozef, por cierto, muy buena. Ahí conocí a Lêdo Ivo, Manuel Bandeira, Clarice Lispector, Rubem Fonseca, Érico Veríssimo y demás escritores del modernismo y la vanguardia. Pero siempre tuve una conversación solitaria con ellos, al unísono; ahora podré hablar personalmente con o melhor poeta brasileiro, con Lêdo Ivo. El diálogo será libre, como su escritura y talento.Cuando termino de leer un verso en la oscuridad el canto de todo lo que parte, el autobús se detiene. Aquí se respira el silencio, un silencio sonoro, con destellos amarillos. Bajo del autobús, siento el crujir de mis entrañas, estoy nervioso, no sé qué le diré al gran maestro. ¿Hablaré con él en portugués?, ¿en español?, no lo sé. Tal vez sólo dejaré que el viento de la ciudad se lleve mi nombre, mis palabras, mis ganas de decirle “maestro, eu sou filho da sua poesia”. Creo que se dice así, tendré que practicar calladamente antes de lanzar una accidentada frase en su presencia.Camino y camino. Veo una plaza, el centro, el punto de reunión, el epicentro de una aventura poética que no quiere terminar, pero debe terminar: mis nervios se alteran más. ¿Dónde estarán los poetas? Volteo sin encontrar respuesta: en segundos, veo a Vicente Anaya, lleva prisa y un café. Lo persigo, lo alcanzo. Le pregunto: ¿dónde están todos?, me mira como se mira a un curioso empedernido: sígueme, me contesta. Caminamos, y caminamos. Veo una iglesia, parece ser una iglesia, si lo es, no lo será por ahora. Entramos. Veo a Sierra, Mario Heredia, la sombra de Juan Gelman, a José Emilio Pacheco, a un par de escritores italianos y franceses que no conozco, a dos neófitos poetas-estudiantes que no sé qué diablos hacen ahí. Pero no veo a Ivo, al maestro, al gran poeta, me preocupo.Prendo un cigarro y cierro lo ojos. Repaso en mi mente lo que le diré cuando lo vea, si es que lo veo. ¿Estará aquí?, comienzo a dudar. Todos los poetas platican entre sí: es un receso. En unos minutos más continuarán las lecturas dramatizadas. Continuarán leyendo sus poemas en honor a Pacheco.Todos vuelven al salón improvisado de lectura. Entonces lo veo. Es él. Ledo cruza delante de mí. Come un chocolate y es ayudado por una joven hermosísima: no puede ser él, ¿dónde está ese enorme poeta, ese monstruo de la literatura mundial? No lo creo. Ivo es un abuelo, un anciano a quien le pesan las piernas, el cuerpo, los años, la vida. Qué esperaba, me digo hacia mis adentros. Sujeto con fuerza el volumen de Bella Jozef. Comienzo a recitar los versos de Ivo mientras me alejo del lugar. Pero, ¿dónde está la Finisterra que me prometiste, más allá de las islas idiotas y de los mitos carcomidos por la marea?

Octubre 17, 2007 - Publicado por underivo | Uncategorized | | Aún no hay comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario