Diálogo con Francisco Haghenbeck
Martinis, Puerto Vallarta y Hollywood: Ingredientes para un Trago amargo
“Yo leí a Raymond Chandler a los 25. Todas sus novelas en un mes. El siguiente mes leí todo Belascoran de Paco Ignacio Taibo II. Cuando me fui de mochilero a Europa llevaba una copia de Adiós muñeca y otra de Algunas nubes. Ahí cambió mi vida, pues ya estaba enamorado del género”.
Francisco Haghenbeck nació en la Ciudad de México en 1965. Trabajó en museos y de creativo en Televisa para finalmente dedicarse a escribir y editar cómics. Fue coescritor y cocreador de Crimson (Wildstorm/Time Warner 1999-2001); creador y escritor de Alternation (Image Comics, 2004) y es el único mexicano que ha escrito una versión de Superman para DC Comics Time Warner, 2002. Ha sido finalista del Premio Julio Verne 2005 de Cuento de Ciencia Ficción; nominado como creativo al MTV Award 2000, en la categoría de nuevo grupo; y segundo lugar en el concurso Cómic Viaje Mágico y Misterioso. Su novela Trago amargo mereció el Premio Nacional de Novela una Vuelta de Tuerca 2006. Actualmente radica en Puerto Vallarta, Jalisco, donde escribe sus próximas novelas y series de cómics.
A Francisco Haghenbeck lo conocí en una premiación en Oaxaca. Su cuento, En campaña, había obtenido el segundo lugar del certamen Mano de Obra. Durante la ceremonia, Haghenbeck comentó que Raymond Chandler y Paco Ignacio Taibo II cambiaron su vida. En ese momento no entendí por qué.Un par de meses después Trago amargo salió a la venta. El libro se agotó en poco tiempo. Sin duda, su novela se convirtió en un best seller en un país donde nadie lee.Trago amargo ganó por decisión unánime el premio dedicado al género policiaco. Los escritores Pedro Ángel Palou, Rafael Ramírez Heredia (+) y Enrique Serna integraron el jurado calificador.
En tus textos percibo la influencia del cómic, la televisión y el cine, ¿eres un novelista atípico?, lo pregunto por la peculiar lectura del mundo que muestras al narrar, esa cualidad cinematográfica que posee tu prosa. Mi carrera como escritor está cimentada en mi labor como guionista de cómics, y otro tanto de televisión. Supongo que el género que más me ha influido es el cómic, pues te hace pensar en imágenes gráficas, contraer textos para los globos y resumir una historia a 22 páginas, con toda la estructura de cualquier drama. A diferencia de la literatura, como guionista siempre tendrás el filtro de un tercero: en el cómic, el dibujante plasmará su visión de lo que tú describes, y el director y todo el equipo de producción lo hará en el caso del cine. El género literario es más puro entre narrador y lector. Aunque si posees un timing preciso o velocidad de lectura, en algunas descripciones concretas se puede lograr esa cualidad cinematográfica. Si puede llamársele atípico a quien apuesta a eso, a la premisa de lograr que el lector disfrute una buena historia, se divierta y entretenga, ante el grave fantasma de solemnidad literaria que invade a nuestra cultura, entonces lo soy. Gerardo Sifuentes dijo una vez que, entre la metáfora de Octavio Paz y la estructura descompuesta de Tarantino, la literatura mexicana se echó a perder.
En una entrevista¹ Fadanelli comentó que “hay demasiados escritores técnicos, lo que hace de la literatura una especie de disciplina aburrida y predecible”. Siento que tu obra apuesta por divertir al lector, sacudirlo, hay un vértigo “volcánico” en tu estilo, ¿a que se lo atribuyes? Apuesto por una literatura “escapista”. A nuestro país le hacen falta más escritores como Chandler, Easton Ellis, King, Rowling, Clive Baker, Palahniuk, Suzuki: el best seller no es malo, un mal libro sí lo es.El día que tengamos nuestro Harry Potter seremos libres.
En estos dos últimos años has tenido dos frutos importantes como escritor: fuiste finalista del Premio Julio Verne 2005 de Cuento de Ciencia Ficción, y tu novela Trago amargo mereció el Premio Nacional de Novela una Vuelta de Tuerca 2006. ¿Cómo has asimilado el éxito? Mi vida sigue igual. Alimento un poco mi ego, pero sigo sin que me inviten a ninguna conferencia. A cada uno es diferente, como en el caso de Bernardo Fernández (autor de Tiempo de alacranes, obra con la que obtuvo el Premio Nacional de Novela Una Vuelta de Tuerca 2005) que no para de viajar dando conferencias, presentaciones y fue considerado hasta “chilango del año”. Siempre le digo que cuando sea grande deseo ser como él. Sólo tengo más ganas de seguir escribiendo, al menos sé que alguien piensa que no apesto como escritor.
¿Qué tanto ha influido en tu obra el personaje Philip Marlowe, de Raymond Chandler? Todo. Es el mejor escritor norteamericano del siglo XX. Reproduzco mi epílogo del libro que describe eso: “Yo leí a Raymond Chandler a los 25. Todas sus novelas en un mes. El siguiente mes leí todo Belascoran de Paco Ignacio Taibo II. Cuando me fui de mochilero a Europa llevaba una copia de Adiós muñeca y otra de Algunas nubes. Ahí cambió mi vida, pues ya estaba enamorado del género. Trago amargo es un homenaje a estos escritores. Deseo pensar que detrás de tanta mezcla, aún se pueda paladear su sabor.
¿Eres un argumentista que se volvió literato o un literato con dotes de guionista? No sabría decirlo. Sería fácil explicar que un escritor será siempre escritor sin importar el medio donde se desarrolle, pero no es verdad. Alan Moore, quien por mucho es el mejor escritor de cómics, en sus novelas apesta. Respeto el trabajo de Stephen King, pero como guionista es malísimo. El guionismo es más técnico, pero una buena historia será siempre eso. Creo que soy un regular constructor de ideas. Sé cómo exponer una historia. Pero no merezco el título de literato, eso se lo dejo a Chimal, Malpica, Zárate y Sifuentes, que son los mejores de la Generación Ritalín.
Martinis, Puerto Vallarta y la película La noche de la iguana ¿son los ingredientes que te ayudaron a escribir Trago amargo? Quedé perdidamente enamorado de Puerto Vallarta desde que llegué a vivir aquí. Su desfachatez cosmopolita, su cultura gay, su mito de gringos. La noche de la Iguana es parte de eso mismo. Los martinis son herencia genética de mi abuelo, el periodista Eduardo Correa. La sencillez de la preparación con los dos ingredientes y la sutileza del sabor lo vuelven sublime. Pero son peligrosos. Son como las bubis de las mujeres: uno, es muy poco; dos, perfecto; tres, ya se ve mal.
¿Has escrito guiones para cine? Sí. Pero nada se ha filmado. Inclusive estudié guionismo por un año con Pérez Turrent.
¿Un martini antes de escribir o después? Nunca cuando estoy corrigiendo. Siempre después de las dos. Sólo uno cada cinco páginas.
¿Hay algún proyecto tuyo por publicarse próximamente? La adaptación a cómic de La divina Comedia para Editorial Clío. Trago amargo va para su segunda impresión y la versión en inglés. Está por terminarse la siguiente aventura de Sunny Pascal: The Tequila Job y el cómic de aventuras SKYZOO, para la Editorial BIG KEHAVE, del que soy fundador junto con Mike Kennedy (escritor de Star Wars, Superman y Aneon Flux), y Francisco Ruiz Velasco (dibujante de WILDCATS, BATTLEGODS, y LONE WOLF).
¹ La entrevista de Guillermo Fadanelli se publicó en la revista Revés, en su número dedicado a la lucha libre.
¿Dónde está Lêdo Ivo?
“En un párpado segado una gota de ámbar se asienta. Hay un dragón temeroso al final de esta línea”. Michoacán es como el vacío, como el plomo, la sangre que escurre de una herida, el odio, la zozobra de un desempleado, la tristeza de una puta o el rugir de un R-15; Michoacán es vacío y polvo, polvo y nada, mas polvo enamorado.
La noticia se presenta como una lluvia repentina: Lêdo Ivo asistirá al Encuentro Mundial de Poetas, en Pátzcuaro. Harán el evento en honor al maestro José Emilio Pacheco. Todo está listo. Pátzcuaro parece despertar de un letargo accidentado. Por momentos, podría afirmar que Maceió cobrará vida en este municipio michoacano, al menos durante la estancia de o poeta de Finisterra.
1) La Poética.- Voy entre la multitud y mi nombre es Nadie/En una ciudad que apesta a pescado podrido/a gasolina y demagogia/oprimido por la tarde voy rozando las escamas/de paredes que hurtan mi dolor. /Bajo este cielo vinagre, absorbido por turbinas/un vómito de cifras me entorpece. /Llevo en la marea mi amor de hombre/y nadie sabe que amo, salvo los perros.
Despierto con pesadez, un sabor amargo permanece en mi boca. Son las ocho de la mañana. Aún es temprano, pienso. Me levanto sin prisa, con emoción, ánimo, sorpresa. Me sacudo el polvo y me cambio de ropa sin contratiempos. Salgo de mi casa, tomo un taxi. Llego a la central en cinco minutos. En diez, voy camino a Pátzcuaro. Llegaré cuando termine de leer una parte de la Antología General de la Literatura Brasileña, una compilación de Bella Jozef, por cierto, muy buena. Ahí conocí a Lêdo Ivo, Manuel Bandeira, Clarice Lispector, Rubem Fonseca, Érico Veríssimo y demás escritores del modernismo y la vanguardia. Pero siempre tuve una conversación solitaria con ellos, al unísono; ahora podré hablar personalmente con o melhor poeta brasileiro, con Lêdo Ivo. El diálogo será libre, como su escritura y talento.Cuando termino de leer un verso en la oscuridad el canto de todo lo que parte, el autobús se detiene. Aquí se respira el silencio, un silencio sonoro, con destellos amarillos. Bajo del autobús, siento el crujir de mis entrañas, estoy nervioso, no sé qué le diré al gran maestro. ¿Hablaré con él en portugués?, ¿en español?, no lo sé. Tal vez sólo dejaré que el viento de la ciudad se lleve mi nombre, mis palabras, mis ganas de decirle “maestro, eu sou filho da sua poesia”. Creo que se dice así, tendré que practicar calladamente antes de lanzar una accidentada frase en su presencia.Camino y camino. Veo una plaza, el centro, el punto de reunión, el epicentro de una aventura poética que no quiere terminar, pero debe terminar: mis nervios se alteran más. ¿Dónde estarán los poetas? Volteo sin encontrar respuesta: en segundos, veo a Vicente Anaya, lleva prisa y un café. Lo persigo, lo alcanzo. Le pregunto: ¿dónde están todos?, me mira como se mira a un curioso empedernido: sígueme, me contesta. Caminamos, y caminamos. Veo una iglesia, parece ser una iglesia, si lo es, no lo será por ahora. Entramos. Veo a Sierra, Mario Heredia, la sombra de Juan Gelman, a José Emilio Pacheco, a un par de escritores italianos y franceses que no conozco, a dos neófitos poetas-estudiantes que no sé qué diablos hacen ahí. Pero no veo a Ivo, al maestro, al gran poeta, me preocupo.Prendo un cigarro y cierro lo ojos. Repaso en mi mente lo que le diré cuando lo vea, si es que lo veo. ¿Estará aquí?, comienzo a dudar. Todos los poetas platican entre sí: es un receso. En unos minutos más continuarán las lecturas dramatizadas. Continuarán leyendo sus poemas en honor a Pacheco.Todos vuelven al salón improvisado de lectura. Entonces lo veo. Es él. Ledo cruza delante de mí. Come un chocolate y es ayudado por una joven hermosísima: no puede ser él, ¿dónde está ese enorme poeta, ese monstruo de la literatura mundial? No lo creo. Ivo es un abuelo, un anciano a quien le pesan las piernas, el cuerpo, los años, la vida. Qué esperaba, me digo hacia mis adentros. Sujeto con fuerza el volumen de Bella Jozef. Comienzo a recitar los versos de Ivo mientras me alejo del lugar. Pero, ¿dónde está la Finisterra que me prometiste, más allá de las islas idiotas y de los mitos carcomidos por la marea?
Un oleaje de olvido después de la ternura
a Leopoldo María Panero
acaricias tus muslos y recuerdas la luz de sangre que cortó la piel de tus muslos
y se oían los gritos cerrar la garganta fría que fría como la luz cortó tus muslos
y abrió tu piel en un filo de navaja y oía tus gritos
y movías los ojos para observar el movimiento zurdo de mis muñecas hasta que se escuchó el silencio y ya no te movías y me mirabas con el ojo del culo y me iba perdiendo en un rumor de púas y oscuridad y frío como la luz que cortó tus muslos y un vacío de metal lamento abrió la piel fría de tus muslos y ya no oía los gritos y sobre el abismo del silencio una luz de sangre oscura acariciaba la piel de tus muslos
y ya no movías los ojosy la navaja estremecía los gritosy honda y sin vena y sin llanto y acariciabas tus muslos y recuerdas cómo la luz abrió tu piel en un filo de navaja y se escuchó el silencio y el zurdo movimiento de mis muñecas y la luz recorría la oscuridad y el silencio después del grito después el silencio
y movías el ojo del culo y un filo de navaja cortó tus muslos y abrió tu piel con la luz del filo y caíste y apretaste los dientes y brotó la sangre y cerraste los ojos y se abrió la piel y se escuchó el silencio y ya no te movías y ya no acariciabas tus muslos y oía la luz y la garganta fría cerró en húmedo sonido y suave y lamento sonidos y recuerdas tus muslos sobre el suelo y sobre el abismo del silencio y ya no te movías y la sangre oscura acariciaba la piel de tus muslos y te miraba con el zurdo movimiento de mis muñecas y no decía nada y no decías nada y no decía nada y movías el ojo del culo y no decías nada pero mirabas mis ojos y apretabas los dientes y la luz ya no era luz y tus muslos ya no eran muslos y recuerdas cómo me decías nada y un odio amarillo y luminoso se escuchó de tus labios
y abrió el silencio de navaja como un oleaje de olvido y cortó el movimiento zurdo de mis muñecas y abrió la piel de tus muslos y oía una lágrima-llanto-grito-lamento-quejido-clamor-lágrima caer y acariciar tu piel y tus muslos fríos y amarillos como la luz y el ojo del culo que movías después de la ternura de un beso que no era beso era odio y sangre―QUÉDATE EN EL SUELO―y aprietas los dientes con la fuerza de un susurroy hay un eco de expresión en tu ensayo de mujer herida y me miras nuevamente con esos ojos amarillos de luz y odio y navaja y lamento que es lágrima y guardas entre labios un PLOP y el PLOP que hace la piel-navaja y recuerdas que abrió tus muslos y PLOP-PLOP-PLOP-PLOP y brotó la sangre de luz oscura y
ya no acaricias tus muslos y ya no recuerdas la luz de sangre que cortó tu piel y ya no recuerdas tus muslos y no recuerdas el zurdo movimiento de mis muñecas y no recuerdas los gritos y tus muslos y mi rostro y recuerdas tan sólo la luz de sangre que cortó la piel de tus muslos y un odio amarillo y luminoso que abrió el silencio
Diálogo con Román Luján
Deshuesadero: una búsqueda a la
condición fragmentaria del hombre
El pasado 16 de agosto se dio a conocer al ganador del Premio Nacional de Poesía Francisco Cervantes Vidal 2006. Óscar de Pablo Hammeken se hizo acreedor al premio con el poemario Debiste haber contado otras historias. Eduardo Milán, Myriam Moscona y María Rivera conformaron el jurado calificador.
Con el afán de realizar una semblanza del premio entrevisté a Román Luján*, autor coahuilense que obtuvo el galardón de la primera emisión del certamen. El autor de Aspa Viento habló sobre su libro más reciente, Deshuesadero, poemario ganador del Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2005. Coral Bracho, David Huerta y Raúl Renán integraron el jurado de la primera convocatoria del premio.
*Román Luján (Monclova, Coahuila, 1975) es autor de los poemarios Instrucciones para hacerse el valiente, con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Abigael Bohórquez en 1997 (coeditado por el Conaculta y Cecut); y Aspa viento, en coautoría con el pintor Jordi Boldó, publicado en 2003 por el Fonca y el Coneculta de Coahuila. Codirigió con Luis Alberto Arellano la revista literaria Crótalo de 1997 a 1999 y colaboró en la edición de la antología de poesía queretana Esos que no hablan pero están, editada por el Fondo Editorial de Querétaro en 2003. Actualmente estudia la maestría en literatura hispanamericana en la Universidad Estatal de Florida, ubicada en Tallahasaee, Florida, Estados Unidos.
Desde hace unos años vives en el extranjero, ¿de qué forma esta experiencia ha nutrido tu poesía? Durante los últimos dos años y medio he vivido en California y en Florida. Pasé los primeros seis meses en San Francisco, donde corregí Deshuesadero y terminé de escribir mi siguiente poemario. En una lectura de la poeta Lyn Hejinian en Berkeley supe de los language poets, y desde entonces traduzco a algunos. También pasé tardes leyendo en la buhardilla de City Lights, la librería y editorial de los beatniks, e incluso pude hablar algunas veces con el poeta Lawrence Ferlinghetti, su dueño, en el también mítico café Trieste. Después de esa temporada extraordinaria, me mudé a Tallahassee, en el norte de Florida, para estudiar la maestría en literatura hispanoamericana. Aquí la experiencia ha sido diferente, pero también valiosísima. He podido analizar y disfrutar textos y periodos literarios que desconocía, lo que me ha dado un nuevo arsenal expresivo como poeta. Y a falta de la seductora ciudad californiana me consuela la exhuberancia de la naturaleza, el enjambre de cardenales que miro por la ventana, los árboles cubiertos de musgo o de magnolias.
Tienes dos libros publicados, Aspa Viento e Instrucciones para hacerse el valiente. Con este último obtuviste el Premio Nacional de Poesía Abigael Bohórquez 1997. Han pasado cinco años desde tu última publicación, ¿era necesario ese tiempo para llevar a cabo la escritura de Deshuesadero? Como dices, Instrucciones para hacerse el valiente es de 2000, pero Aspa Viento, el libro que hice en colaboración con el pintor Jordi Boldó, es de 2003, así que realmente no ha pasado tanto tiempo. Sin embargo, tu intuición es correcta, ya que un par de poemas que aparecen en Deshuesadero pertenecen a la fase de mi primer libro. No sé cómo juzgar el tiempo que tardé en armar este volumen, pero te puedo decir que lo escribí y rescribí con “paciencia de estrella” como diría Gonzalo Rojas.
¿Qué autores reconoces como tus maestros? Uno es el que acabo de mencionar. Gonzalo Rojas es el gran poeta vivo en lengua española. Siempre tengo cerca su “Obra selecta” a la mano y cada vez que leo algo suyo me dan ganas de escribir. Algo parecido me pasa con José Ángel Valente, otro de mis grandes poetas, aunque a un nivel más premeditado. Últimamente aprendo mucho del poeta inglés Ted Hughes y del norteamericano Michael Palmer, al intentar traducirlos.
El poeta tiene el don de descifrar el mundo a través de su poesía, ¿cuál es tu actitud ante la vida como poeta? En principio, que el poema se convierta en un “libro de la memoria”, donde momentos fugaces vuelvan a pasar ante mí, para lograr finalmente entenderlos, como sugiere Paul Auster en su novela autobiográfica, La invención de la soledad. Sin embargo, lo que más me interesa es encontrar el poema a medida que lo escribo; confiar en la musicalidad de la palabra y, aun de la sílaba, para hallarlo.
¿Cómo nació Deshuesadero? Nació de la escritura de poemas aislados —quizás unos cien— a lo largo de varios años, y su constante discriminación hasta quedarme con los treinta que integran el volumen. En este tiempo experimenté una especie de transición espiritual entre la solemnidad y la ironía que, me parece, quedó atrapada en el libro. Tuvo otros nacimientos, menos evidentes: la lectura del Diccionario Jázaro de Milorad Pavić, de unos cuantos poemas de Abdellatif Laâbi, de ciertos emblemas medievales…
¿Qué exploras en tus poemas?, sobre todo en tu último libro. En Deshuesadero, si algo exploro, es la falta de cronología de la memoria, la condición fragmentaria del hombre.
¿Cuál es tu ritual de trabajo?, me refiero a cómo enfrentas la cuestión metafísica de la página en blanco. No me cohíbe la página en blanco, al contrario: me obsesiona. Me encantaría ser de esos poetas que a la primera escriben un buen poema y siguen con otro, como si sólo fuera cuestión de pasarlos en limpio. Desafortunadamente no me satisface lo que escribo sino hasta la décima versión, por lo menos. No exagero. Al concluir un poema engrapo las versiones sucesivas, dejando la tentativamente terminada al frente. Hace poco alguien me dijo que eso es un defecto y se llama hipercorrección, algo así como una erosión del lenguaje. Lejos de parecerme un problema, me gustó la idea de erosionar el poema hasta encontrarlo; de escribirlo una y otra vez hasta que sea mío.
Cuando vivías en Querétaro desarrollaste un proyecto editorial: la revista Crótalo. El poeta Luis Alberto Arellano, el dramaturgo Luis Enrique Gutiérrez O.M, y el narrador Osvaldo Fernández estuvieron contigo en esa labor ardua de realizar una revista literaria independiente, ¿de qué manera influyó en ustedes la revista? Crótalo fue el mayor punto de coincidencia de una generación de escritores menores de treinta años, surgida alrededor de 1995 en dos talleres literarios: uno en la Universidad Autónoma de Querétaro y otro en el desaparecido centro cultural Alebrije. Durante los dos años que existió la revista, de 1997 a 1999, nos familiarizamos con el proceso de edición, viajamos a algunas ciudades a presentarla, y así entramos en contacto con muchos de los escritores que colaboraron en sus quince números. A los involucrados, Crótalo nos permitió leer con mayor atención textos propios y ajenos, apostar por ciertos autores que no habían sido convenientemente leídos o descubiertos del todo, y situar la creación literaria joven del estado en el contexto nacional.
¿Cómo fue tu experiencia como editor?, hablo del libro de poetas queretanos que concebiste con Luis Alberto Arellano, Esos que no hablan pero están. Fue un proceso muy interesante. Hasta entonces, no se había terminado un trabajo similar, a pesar de diversos intentos frustrados que nos señalaron los poetas incluidos, cuando los entrevistamos. Así que Esos que no hablan pero están, por primera vez, hizo dialogar la producción lírica de autores nacidos en las generaciones de los cuarenta, cincuenta y sesenta en Querétaro. Gracias a este diálogo comienza a establecerse una tradición de poemarios que ameritan ser estudiados y reeditados, como Paterna vía de Arturo Santana. Por otra parte, la antología fue un acto colectivo de rescate. Ante la inexistencia de un acervo de poesía queretana, los propios autores nos facilitaron copias de sus libros, casi todos fuera de circulación. No sería mala idea que el gobierno creara ese acervo en alguna biblioteca pública; seguramente, alguien va a escribir una tesis sobre el tema en el futuro.
En alguna entrevista Cervantes aseguró que cambiaría a la poesía por una carrera como la de ingeniero constructor de carreteras, “es más sensato y mejor”, afirmaba. Además, decía que le gustaría vivir otra vez lo que ha vivido, pero normal. De cierta manera actualmente estás vinculado con la academia, ¿crees que es más sensato tener certezas siendo poeta?, me refiero a la comodidad engañosa que puede causar estar en una universidad. No creo que ninguna profesión ofrezca ese lugar ameno donde nadie te moleste mientras escribes. La escritura siempre es un acto subversivo, ya sea con un empleo burocrático, profesional o académico. Exige su propio espacio y siempre le roba tiempo a otras actividades “necesarias”. Por otra parte, al menos ahora que soy estudiante de literatura, la universidad no me ofrece ninguna comodidad engañosa, sino el reto de asimilar y producir textos críticos a un ritmo extenuante, mientras continuo escribiendo poemas a salto de mata, como me sucedía trabajando de abogado.
¿Qué poetas jóvenes admiras? Me interesan Luis Vicente de Aguinaga, Julián Herbert, Jorge Fernández Granados, Luis Armenta Malpica, José Eugenio Sánchez, Mario Bojórquez, Luis Alberto Arellano. De otros lares, me gusta la poesía de la cubana Damaris Calderón, el argentino Fabián Casas, el peruano Lorenzo Helguero, el chileno Marcelo Pellegrini, el costarricense Luis Chaves, la española Miriam Reyes. Y le paro aquí porque ya parece antología.
¿Es difícil para un escritor de provincia abrirse paso en el país? Sólo si se considera un escritor provinciano, con lo cual sería justo que no se abriera paso ni en su colonia. Por lo demás, creo que la actividad cultural de la ciudad de México sólo es apabullante en términos numéricos. Hay que ver la intensa y, quizás, más original actividad literaria de Guadalajara, Monterrey o Tijuana para saber que ahora los márgenes son nuevos centros.
En Crótalo se pueden leer algunos cuentos tuyos, ¿tienes algún futuro proyecto de narrativa? No por ahora, aunque no lo descarto. Sin embargo, lo que ahora me ilusiona es encontrar mi voz en el ensayo, combinando el rigor demostrativo de la academia norteamericana con el análisis filológico y buena prosa de la tradición crítica hispanoamericana.
Cervantes sostenía que cada lengua da forma diferente al mundo, pero también a quien la habla. Decía que la galleguidad había modificado su carácter, su forma de pensar y de escribir. ¿Ocurre lo mismo contigo con el inglés? Aún no sé si ha modificado mi carácter, pero ha cambiado mi forma de escribir, porque lo que escribo se nutre de palabras dichas y leídas. Veremos.
¿Qué sigue después de este libro? Más poemarios. Uno terminado y otros dos en proceso. Además, varios proyectos de traducción.
¿Tienes planes de regresar a Querétaro? No para vivir, al menos por unos años. De cualquier forma, seguiré yendo a Querétaro con frecuencia para estar con mi familia y ver a mis amigos.
¿Cuál es el futuro de Román Luján y su poesía? Seguir leyendo y escribiendo sobre lo que me interesa: el acto poético y sus contextos durante el doctorado. Del futuro de mi poesía sólo anticipo constancia y voluntad para no dejar proyectos inconclusos. Y serme fiel.
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